A una semana de cumplirse 50 años del golpe, comienza un nuevo juicio oral por delitos de lesa humanidad. El Tribunal Oral Federal 7 juzgará a seis oficiales y suboficiales del Grupo 101 de Artillería Antiaérea del Ejército por los asesinatos de María Victoria Walsh, Alberto Molinas, Ignacio Bertrán, Ismael Salame y José Coronel, miembros de la Secretaría Política de Montoneros.
El 29 de septiembre de 1976 por la mañana un operativo militar conjunto entre el Ejército, Gendarmería y la Policía Federal rodeó la casa de la calle Corro 105, en el barrio porteño de Villa Luro. El despliegue incluyó tanquetas, camiones y unos 150 efectivos instalados en los techos de casi todas las viviendas de la manzana.
Luego de un durísimo y desigual combate durante más de una hora y media, Coronel, Salame, Molinas y Beltrán cayeron asesinados. Vicki se suicidó al verse cercada. No estaba dispuesta a entregarse con vida a los represores. Victoria, su hija de apenas un año, sobrevivió al enfrentamiento y fue recuperada por la familia de su padre, Emiliano Costa, quien estaba preso desde hacía un año.
El juicio, que se realizará de forma virtual, comenzará tras diez años de instrucción y a tres de haber sido elevado a la instancia oral. Los imputados son Carlos Alberto Orihuela, Ricardo Grisolía, Gustavo Antonio Montell, Guillermo César Viola, Héctor Eduardo Godoy y Danilo Antonio González Ramos. La querella de Patricia Walsh y Lucía Coronel está representada por el CeProDH.
María Victoria era periodista, como su padre Rodolfo asesinado seis meses después. Trabajó en revista Primera Plana, Periscopio y en el diario La Opinión, donde fue elegida delegada gremial. Es una de lxs 232 trabajadores de prensa víctimas del terrorismo de Estado.
A 50 años del golpe genocida seguimos exigiendo juicio y castigo a los responsables de estos crímenes.
“En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones”. (Rodolfo Walsh, Carta a mis amigos, 29/12/76).

















